Enigmático submarino con el que los “nazis viajaron por el tiempo”

La ficción tuitera va mucho más allá de lo que podríamos imaginar. Este relato sobre cómo los nazis viajaron en el tiempo podría poner los pelos de punta hasta al mismísimo Indiana Jones.

Este pez tan feo y fascinante es un rape. Se le conoce como AF-67 y es autor de uno de los descubrimientos más demoledores de los últimos siglos.

El rape AF-67 formaba parte del “Proyecto Haliade” de la Universidad de Pleanville. Seleccionaron a 77 peces abisales y los equiparon con microcámaras y dispositivos rastreadores, para explorar a través de ellos las profundidades marinas.

Una vez instaladas las microcámaras y las balizas de seguimiento, AF-67 fue liberado en el océano Índico, con la esperanza de que decidiese sumergirse en la fosa abisal de Lamu-Rhino.

Se trata de una fosa con una profundidad de unos 10500 metros. AF-67 la buceó hasta el fondo.

El rape fue uno de los perscados elegidos para este proyecto porque cuenta con su propia fuente de iluminación.

Eso es importante para obtener imágenes a 10.500 metros de profundidad, donde la única luz solar que brilla lo hace por su ausencia. Donde las cosas no emiten calor.

Una vez recuperado, este rape obtuvo decenas de imágenes interesantes, pero no especialmente relevantes. En su mayoría vídeos de otras criaturas abisales que ya figuraban en el catálogo de los biólogos marinos.

Pero entre tanta información irrelevante, AF-67 hizo un descubrimiento inesperado. En un primer momento lo confundieron con el cadáver de un cachalote.

Tras analizar algunos de los frames con detenimiento, se dieron cuenta de que era un artefacto de fabricación humana. Probablemente un submarino hundido.

Hipótesis que confirmaron al ver una esvástica en el casco de presión… Y un número de serie. Esta “matrícula” permitió identificar el aparato: EL U-515.

Un submarino nazi que produjo muchos quebraderos de cabeza a los servicios de inteligencia estadounidenses, y dio mucho que hablar en el mundo de las conspiraciones. ¿Por qué?

Porque ese submarino desapareció cuando transportaba en su interior “La Campana De Wöhlenbach” un artilugio desarrollado por científicos nazis a finales de la Segunda Guerra Mundial, diseñado para viajar en el tiempo.

Los más escépticos daban por hecho que los nazis nunca consiguieron hacer funcionar La Campana. Los más osados fantaseban con la posibilidad de que la desaparición del U-515 demostrara justo lo contrario:

El submarino se esfumó sin dejar rastro porque viajó en el tiempo.

Las mentes más calenturientas plantean incluso que el propio Hitler iba a bordo del U-515 y escapó hacia otra época activando “La Campana” del submarino.

Como podréis imaginar, el hallazgo de este submarino por parte del rape AF-67 significó un jarro de agua fría para quienes apostaban por la teoría del viaje en el tiempo. Sin embargo…

Cuando recuperaron al rape AF-67 recompensaron sus servicios diseccionándolo para practicarle una autopsia, y hallaron en su estómago y en sus células síntomas de que había estado expuesto a isótopos radiactivos.

La clase de radiación que, según físicos de la universidad de Pleanville, podría liberar (siempre “en teoría”) un dispositivo destinado a alterar los parámetros espacio-tiempo.

Disponiendo de esos datos, se barajó una hipótesis bastante sugerente: ¿Y si los tripulantes del submarino, una vez encallados en el fondo de la fosa abisal, en un intento desesperado de escapar, decidieron activar “La Campana”?

¿Y si “La Campana” viajó realmente en el tiempo?

Para corroborar o desmentir esa locura, los investigadores de Pleanville estudiaron a fondo los escritos de uno de los científicos más crípticos y portentosos que ha dado nuestro siglo, Ilja Mladenek: Ingeniero serbio, discípulo de Tikola Tesla.

Trabajó diseñando tecnología avanzada para los nazis hasta que el gobierno de EE.UU. lo rescató en el contexto de la operación Paperclip para beneficiarse de sus conocimientos.

Mladenek fue uno de los artífices de la Campana de Wöhlenbach.

Según sus cuadernos de investigación, el artefacto era capaz de desplazarse a través de la cuarta dimensión, permitiendo viajar a través del tiempo a cualquier objeto en un radio de 8 metros desde su epicentro.

Pero según los apuntes de Mladenek esa tecnología tenía unos límites. “La Campana sólo era capaz de viajar al pasado”.

También figuraba en los apuntes del ingeniero serbio el año exacto al que Hitler pretendía retroceder con La Campana: El 12.103 antes de Cristo.

Esto, en un principio, hizo que los investigadores de Pleanville descartasen la idea de que el U-515 hubiese viajado en el tiempo.

¿Por qué? Porque en ese caso el submarino, al hundirse en la fosa abisal, además de transportar “La Campana”, se habría posado encima de ella.

La Campana habría permanecido desde hace milenios esperándose a sí misma en el fondo del mar. Y las imágenes del rape no mostraban ningún otro objeto además del U-515.

Fue Margaret Canker, catedrática de Astrofísica de la Universidad de Pleanville, quien se dio cuenta de que estaban cometiendo un pequeño error.

No estaban contando con la rotación de la Tierra. “La Campana” viaja en el tiempo, pero no en el espacio.

Mientras se desplaza a través de los años y los siglos, el planeta gira en la latitud correspondiente a la fosa Lanu-Rhino, a más de 1.000 kilómetros por hora.

Dicha velocidad de rotación ha aumentado en los últimos siglos debido a la superpoblación. Hemos aumentado la masa del planeta de manera significativa, y ello implica que ya no giramos tan lentamente como hace algunos milenios.

Por si fuera poco, la angulación del eje de rotación de la Tierra también ha cambiado. En otras palabras:

Un objeto que retrocediese al año 12.103 a.C no aparecería en el mismo punto geográfico en el que inició su viaje.

Canker hizo los cálculos teniendo en cuenta los cambios en el eje y velocidad de rotación a lo lasgo de los últimos 14.021 años y llegó a la conclusión de que “La Campana”, de haber retrocedido hacia la fecha para la que estaba programada, habría llegado aquí:

Una zona hinóspita del Himalaya, a casi 5.000 metros de altura, dentro de lo que hoy día conocemos como El Tíbet.

La Universidad de Pleanville envió una expedición express a esa zona del Tíbet. ¿Encontraron allí La Campana? Por supuesto que no.

Pero hallaron restos metálicos que pudieron pertenecer a ella y aún más importante: Isótopos radiactivos idénticos a los del rape AF-67.

¿Habia llegado La Campana a su destino? ¿La había encontrado alguien en esas tierras hace más de 14000 años?

Eso explicaría las referencias en las sagradas escrituras sánscritas a unos artilugios de los que ya hemos hablado por aquí en otras ocasiones: Los Vimana.

Las menciones de los vimana en la mitología hindú desconciertan a los científicos a día de hoy.

En otros textos religiosos se mencionan “carros de fuego”, criaturas voladoras, etc. Pero el caso de los vimanas es distinto. Los antiguos los describían como máquinas.

Una misión nazi comandada por el doctor Ernest Schäfer viajó al Tíbet en busca de los orígenes de la raza aria y acabó (quizá) encontrando los restos de un vimana, o la tecnología que los hacía posibles.

Se rumorea que gracias a dichos hallazgos los científicos del Tercer Reich pudieron construir La Campana y otros prototipos bélicos que se parecían sospechosamente a los platillos voladores.

¿Usaron la tecnología de “La Campana” en un pasado remoto, para desarrollar esas “naves voladoras” que acabaron trascendiendo bajo el nombre de “vimana”?

En ese caso, quienes se hacían llamar “arios” recurrieron a sabidurías del pasado para viajar a dicho pasado, sembrar el mito de la “raza aria” y dejar ahí las instrucciones que les ayudarían en el futuro a construir la herramienta necesaria para poder cerrar ese círculo.

Esa posibilidad plantea dos interrogantes:

¿Hundió Hitler a propósito ese submarino en ese punto del océano Índico? ¿Qué ha estado haciendo Estados Unidos con toda esa tecnología desde que se apropió de ella a finales de la Segunda Guerra Mundial? Fin.

Esperamos que os haya gustado este relato de ficción, porque no es más que una historia creada por Juanjo Ramírez, que es uno de los grandes maestros de la ficción tuitera.

Precisamente una de sus especialidades es aferrarse a elementos reales para construir sobre ellos un espectacular universo de ciencia ficción. Y no hay nada que haya inspirado tantos relatos de ciencia ficción como la supuesta tecnología nazi.

¿Qué podría ser más interesante que una conspiración de este tipo? Así desconectamos un poco de tanta mierda política de estos días que parece que nos volvemos locos.

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