Recorrido de los Templarios

Uno de los sitios medievales más espectaculares de Europa por la belleza y lo bien conservado de sus edificaciones, la Ruta Templaria-Hospitalaria de Larzac, al centro sur de Francia, será muy probablemente parte de la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco para cuando este ejemplar salga a circulación. Desde hace 15 años la autoridad local creó un conservatorio dedicado a la tarea de restaurar el patrimonio arquitectónico de las cinco etapas que forman este circuito: los burgos medievales de La Cavalerie y La Couvertoirade, la encomienda de Sainte-Eulalia de Cernon, la torre de refugio de Le Viala du Pas de Jaux y, finalmente, el Fuerte de Saint-Jean D’Alcas que, aunque no fue construido por dichas órdenes religiosas, data de la misma época.

Los Templarios se instalaron en la meseta de Larzac en el siglo XII gracias a tierras donadas por los propios nobles que ingresaban a la orden renunciando a sus riquezas y convirtieron estos terrenos en un granero de vital importancia para la logística de las Cruzadas. Cuando la orden fue abolida en 1312, la gestión de los Templarios en esta región sería sustituida por otra orden, la de los Hospitalarios.
Siete siglos después, este itinerario nos lleva por 80 kilómetros de pintorescas carreteras vecinales, o bien, por una docena de senderos balizados (el más corto de cinco kilómetros, el más largo de 10.5 ) para quienes con ánimo y tiempo prefieren visitar los alrededores a pie. De esta forma se disfrutaría de manera plena el atractivo de esta ruta, que no sólo trata del viaje al Medievo al que nos remiten las piedras de torres y murallas, sino a un territorio de labranza modelado por los templarios, del cual habrían obtenido una producción agrícola tan importante que hizo de esta comandancia la más importante que jamás haya tenido una orden religiosa en Occidente.

LA NATURALEZA, VOCACIÓN HISTÓRICA DE LA REGIÓN.

Ubicado entre dos parques naturales, el Parque Natural Regional de Grands Causses y el Parque Nacional de Cevennes, esta ruta se encuentra en una de las regiones predilectas de quienes prefieren pasar sus vacaciones en contacto con la naturaleza y la vida campirana.

Los habitantes de la zona son los primeros implicados en la conservación del medio ambiente, hay una gran oferta de turismo sustentable, senderos para ciclistas y peatones, recorridos en kayac por los ríos. Sobre todo, se aprecia un ánimo de respeto por el patrimonio tanto natural como cultural, que sin afán de vivir en el pasado toma lo mejor de otros tiempos.

Tal es el caso de Henri Ucheda, quien ha restaurado un horno de pan en una de las calles de La Couvertoirade, en la regla del arte del siglo XII y, como en aquella época, le da un uso comunal, “como antes”, precisa sonriente: “el horno funciona los domingos y está abierto para quien quiera traer su pan para hornearlo aquí”. Después del horno, Henri se dedicó a restaurar un espacio para habilitarlo como teatro. Él mismo se encarga del programa y el reclutamiento de los artistas; de todo hay, locales y fuereños, debutantes y confirmados, y planea incluir números musicales. Los fondos para pagar a los artistas salen de la renta del horno para hacer pan. “En todas partes, la cultura es patrocinada por la riqueza del terruño”, justifica, como si fuera necesario hacerlo. Qué mejor que a la vez de rescatar y proteger un espacio protegido, se disfrute y se comparta.

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