Los zoológicos de humanos de siglo XIX

Durante el siglo XIX y principios del XX tuvo su desarrollo en algunas de las principales capitales del mundo uno de los puntos culminantes de la crueldad humana, acompañada del necesario morbo y la ignorancia que permitían que las diferencias entre personas se conviertan en un espectáculo de feria.

Así, en ciudades tan aparentemente avanzadas como París, Londres o Nueva York, se propagaron los zoológicos de humanos, a donde los raros, los distintos, los llegados de lejos, “inferiores” o “semihumanos”, eran exhibidos para el solaz y entretenimiento de los “normales”.

Bajo el título de “exposiciones etnológicas”, los hombres blancos occidentales podían observar por ejemplo a Sara Baartman, mujer africana que padecía esteatopigia, condición genética que conlleva una gran acumulación de grasa en las caderas y glúteos, por lo que era exhibida desnuda; o a Ota Benga, un pigmeo del Congo, exhibido en la Exposición Universal de St. Louis, EE.UU., en 1904, y en el zoológico del Bronx, Nueva York, enjaulado junto a un orangután para demostrar el camino de la evolución.

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Zoológicos como el Hamburg Tierpark y el Jardín de Aclimatación expusieron la vida de grupos enteros de diversas etnias minoritarias y comunidades aborígenes, como los nuba, los inuit y los mapuches; muchas de estas personas eran secuestradas y morían de inanición o por enfermedades.
Los zoológicos humanos, o exposiciones etnológicas, dejaron de ser legales luego de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en 1948.

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