La guerra electrónica que EE.UU. conduce desde un portaviones contra Estado Islámico

En los últimos cuatro meses, el portaviones estadounidense USS Harry S Truman ha estado navegando en algún lugar en el norte del Golfo de Arabia, lanzando ola tras ola de ataques contra el autodenominado Estado Islámico (EI).

Hay más de 60 aviones de combate a bordo, tres veces más que los aviones de la Real Fuerza Aérea británica que despegan desde su base en Chipre.

Ya han establecido un número récord de bombas lanzadas: más de 1.200.

El lema del portaviones es un dicho del presidente con que lo bautizaron: “Denles duro”.

Trabajo en el trasfondo

Pero las bombas amontonadas sobre la cubierta, listas para la siguiente ola de ataques, no son las únicas armas que están usando.

“Nosotros hacemos las cosas en el trasfondo, de las que la gente no habla”, dice el teniente Drew Schnabel, uno de los pilotos.

Observamos como él y su colega, el teniente Chris Long, un oficial de guerra electrónica, se colocan sus cascos y se preparan para otra misión.

Mientras que la mayoría de los aviones cargan bombas, el jet de ellos no lo hace. Ellos vuelan un EA-18G Growler (“Gruñón”) diseñado para interferir señales electrónicas.

En la cubierta se les asigna su jet. Está equipado con unas grandes y pesadas cápsulas que emiten potentes ondas de alta radiación que bloquean los trasmisores en tierra.

El Growler fue diseñado originalmente para inhabilitar sistemas de defensa aérea, el tipo que podría ser utilizado por Rusia, por ejemplo.

Pero en la lucha contra EI, está siendo usado con un propósito muy diferente.

Vemos como el jet se prepara para ser catapultado desde su posición detenida a unos 265 km/h en pocos segundos. El teniente Schnabel describe el violento lanzamiento como “la mejor taza de café”.

Aun desde la relativa seguridad de cubierta, es una experiencia llena de adrenalina que te sacude los huesos.

Los pilotos saludan y tras poner las turbinas a toda máquina, el jet pronto desaparece en la distancia.

Schnabel y Long no pueden dar muchos detalles sobre las misiones que vuelan día a día sobre Irak y Siria. Mucho de lo que hacen es información clasificada.

Sin embargo, el teniente Schnabel trata de explicar: “Piénsalo de esta manera. Estás sentado en tu casa y las bombas empiezan a caer. Es caótico. De repente, empiezas a perder la capacidad de comunicarte y cosas empiezan a suceder en términos electrónicos que no entiendes”.

El efecto combinado, dice, “añade todo un nuevo nivel de temor”. El efecto final, espera, es que empiecen a “perder la voluntad de combatir”.

Amplia estrategia

Esto es parte de una estrategia más amplia que está siendo implementada por Estados Unidos que incluye el uso de electrónica y ciberguerra.

Los ejércitos de EE.UU. y Reino Unido ya han estado utilizando aviones espías para localizar lo que llaman “objetivos de alto valor”.

Se cree que son capaces de rastrear y encontrar teléfonos móviles individuales.

USS Harry S Truman:

El octavo portaviones clase Nimitz de la Armada de EE.UU., bautizado con el nombre del 33º presidente.

Eslora (largo): 333 metros, manga (ancho): 78 metros, puntal (altura): 74 metros

Capacidad: unos 90 aviones con una superficie de cubierta de 18.000 metros²

Tripulación: 6.200

Construcción: iniciada el 29 de noviembre de 1993

Lanzamiento: 7 de septiembre de 1996

Costo: más de US$4.500 millones

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El diario The New York Times reportó recientemente que el Comando Cibernético de EE.UU. fue ordenado a interrumpir la capacidad de EI para divulgar su mensaje, atraer nuevos reclutas, circular órdenes y realizar funciones cotidianas como pagar a sus combatientes.

El subsecretario de Defensa de EE.UU. lo llama “lanzar ciberbombas”.

De vuelta sobre cubierta, el teniente Long reconoce que lo que hacen tiene una “naturaleza etérea”.

El resultado puede ser más difícil de medir que las misiones de bombardeo que sus colegas realizan.

Pero afirma que sí reciben comentarios.

Han estado lanzando las ondas de interferencia en apoyo a las fuerzas iraquíes y peshmerga en tierra, quienes les comentan que “sabíamos que ustedes estaban allí porque ya no nos atacaban o disparaban”.

Lo que sugiere que los Growlers son capaces de bloquear las comunicaciones de radio de EI en tierra, así como interferir los móviles y las computadoras.

“Quien controle el espectro electrónico ganará la próxima guerra”, asegura el teniente Long.

“El contralmirante Bret Batchelder, que comanda los grupos de ataque del portaviones, señala que es “un proceso a largo plazo y no va a suceder de la noche a la mañana”.

Aun con todo este poderío militar y de tecnología avanzada, la lucha contra Estado Islámico está lejos de terminar.

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