El curioso enigma de la “piedra de la locura”

El curioso enigma de la “piedra de la locura”
Puede que en alguna ocasión te hayas encontrado con alguna de estas obras. Lienzos que tienen como tema principal la locura, y el modo en se lleva a cabo su sanación. O al menos se intenta. Si hablamos precisamente de la sin razón, del desequilibrio y de la contraposición entre ese mundo de la sinrazón y la calma, nos encontramos sin lugar a dudas con uno de sus máximos exponentes artísticos: El Bosco.

Especialista absoluto en plasmarnos cada uno de los pecados de la humanidad, en su cuadro titulado “La extracción de la piedra de la locura”, se nos muestra uno de los temas más curiosos e interesantes del mundo del arte.

En ella, se nos enseña la alegoría de una práctica común que se tenía en la Edad Media para resolver la locura: arrancándola.

El Bosco, sutil fotógrafo de la sinrazón humana

Jheronimus Bosch, más conocido como El Bosco fue desde siempre un sabio artesano de las emociones y pecados de la humanidad. Solo los Santos, sumidos en su dimensión sosegada e introspectiva, son nuestro modelo absoluto de salvación. Aunque eso sí, también ellos tienen en ocasiones a su alrededor, a presencias malignas que los pueden tentar.

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Nuestros pecados, como simples mortales casi siempre ignorantes, son nuestros vicios y ese enervado orgullo que nos hace creer que lo sabemos todo. Que podemos desafiar incluso a la propia naturaleza. “La extracción de la piedra de la locura”, es un ejemplo de ello. El tema principal de la misma es simple. Según el pintor flamenco, en la Edad Media se tenía el convencimiento de que la locura tenía su origen en una piedra que toda persona desequilibrada tenía en su cabeza.

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Entonces ¿cómo sanarla? ¿cómo devolverle esa necesitada razón con la cual integrarlo de nuevo en sociedad? Practicando una salvaje intervención en la cual, buscar la supuesta piedra. No tenemos más que atender unos minutos el ilustrativo cuadro del Bosco para descubrir algunos interesantes matices:

Vemos a un extraño doctor con un embudo en la cabeza, símbolo de la estupidez humana.
La persona supuestamente desequilibrada, es un hombre mayor que mira hacia nosotros como clamando ayuda. De su cabeza no se extrae una piedra, sino un tulipán.
¿Ves la bolsa de dinero sobre la mesa? Está atravesada con un puñal, símbolo absoluto de la malévola estafa de dicha operación.
También están presentes en la obra una monja y un fraile. La primera trae un libro cerrado en la cabeza, lo cual nos hace intuir esa sutil metáfora tan bien expresada por parte del Bosco, hacia la ignorancia y esa superstición que, en lugar de salvar almas, mata personas. Pero, ojo, hay quien ve en ese libro no una obra sagrada, sino un manual de sortilegios. ¿Y qué es lo que trae el fraile en sus manos? Nada más y nada menos que un buen cántaro de vino.
Destacar también que si te fijas, el cuadro en sí está dispuesto en forma circular, lo cual, nos hace recordar a un especie de espejo. ¿Reflejo de nuestra propia ignorancia? Seguramente. Como vemos, el ingenio del pintor holandés no tenía límites.
La piedra de la locura, un tema recurrente

El Bosco no fue el único artista que quiso plasmar esta terrible práctica. En la imagen que sirve de cabecera a este artículo, nos encontramos con otra obra similar titulada “El cirujano” de Jan Sanders van Hemessen, un pintor flamenco del Renacimiento nórdico, realmente interesante también.

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A decir verdad, el tema de la piedra de la locura fue un tema bastante habitual dentro de la pintura de época, al parecer se buscaba la necesidad de denunciar una costumbre clásica de la Edad Media que llegó incluso hasta el Renacimiento. Ahí donde simbolizar mediante alegorías pictóricas, el intentar encontrar ese “cálculo craneal” -símil de los cálculos renales-, que obstaculizaban la razón y traían la locura.

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Para concluir hemos de aclararte algo importante que nos dicen los historiadores: en ningún momento se tiene conocimiento de que se realizaran operaciones en la Edad Media para extirpar dichas “piedras”.

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El tema de los cálculos craneales es una simple “alegoría”. No es real. Se trata de un símbolo pictórico que les sirvió en realidad a muchos artistas como el Bosco, para plasmar la estupidez humana en su máximo esplendor, a la vez que, para criticar una práctica que sí se venía haciendo desde la antigüedad: la trepanación.

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